Por Carolina Moreno Echeverry
Sábado, 26 de Agosto de 2011. La Jornada, Morelos
http://www.jornadamorelos.com/2011/11/26/cultura_nota_02.php
En el cuento Una cruza de Franz Kafka, el protagonista se lamenta del aislamiento que lo embarga al poseer una singular mascota “mitad gatito, mitad cordero”. El ejemplar, único en su especie, le despierta ternura y compasión; tiene la cabeza y las uñas de un gato, el tamaño y la forma de un cordero; no sabe maullar, le teme a los ratones y sus movimientos son saltarines y furtivos. Aunque la vida es una condena para el animal, el dueño lo acepta porque es una herencia de su padre. Esta relación entre soledad y extrañeza descrita en el relato de Kafka, sirve de pretexto para reflexionar sobre la condición de extrañamiento que usualmente acompaña a los artistas. Nombrado ostraneine por los formalistas rusos, el extrañamiento propicia una distancia entre la obra y su contexto; distancia erigida por el asombro, la interrogación, ya que tal como lo establece Viktor Sklovski, “el arte es continuo estupor”.
Desde esta condición de extrañamiento, el “dibujar en el espacio” como noción escultórica principal y la utilización del hierro como material con el cual llevar a cabo tal acción, se establecen los principales fundamentos que rigen las obras de José Toledo, que actualmente se exhiben en el centro cultural Jardín Borda. En la serie Bosques urbanos, los espacios vacíos y los sólidos volúmenes recuerdan árboles que impávidamente condenan la destrucción de la naturaleza. Toledo selecciona ruedas de turbinas, con láminas curvas colocadas en su periferia que simulan un movimiento rotativo; el artista crea esculturas que evocan la agresividad y el desastre provocado por el hombre en su medio ambiente. Y de la apariencia herrumbrosa y oxidada de las “plantas abstractas” se pasa al placer de la invención en Ciudades utópicas, serie en la que el hierro también simboliza, fuerza y durabilidad. En estas piezas, las texturas y los vivaces colores industriales propician vistas cambiantes e intersecciones de las superficies. Toledo inventa la urbe, la revela; la ciudad representa una y diversas cosas: ilusiones, estímulos, fantasías. A partir de las diferentes esculturas, el artista trata de descubrir una realidad multifacética, de la cual surge la paradoja entre lo que se cree que es y lo que le gustaría que fuera.
Por otra parte, Carol Yurrita con Y… a nadie le importa, Patricia Valladares con Paca on sale, Josué Romero con Los milagros, Erick Menchú con Comfort y Norman Morales con Utilitarios, exploran lo cotidiano desde la perspectiva del consumo. Por un lado, los artistas emergentes establecen una postura crítica frente al hecho de que todo momento sea apto para consumir; la iconografía publicitaria ha hecho que las ocasiones para comprar se proliferen, se ha desatado lo que Baudrillard describe como “la compulsión de necesitar y la compulsión de consumir”. Por otro, establecen que todo acto de consumo propicia la experiencia estética; tal como lo intuyó Hannah Arendt, al consumidor no lo define su incitación sobre las cosas, sino que éstas pasan a ser bienes de consumo por la forma en que son percibidas; todo consumo de objetos es productor de significados; la cualidad estética se establece entonces desde la mirada que el artista posa sobre las cosas. Una vez que el consumidor ha adquirido los objetos y se los ha apropiado es capaz de transformarlos, de buscar para ellos usos o sentidos no previstos ni por los fabricantes, ni por los distribuidores, ni por los publicistas. Los objetos en este caso, incitan a percibir los bienes de consumo no como meras cosas sino como interrogantes; de esta forma, la creación artística se establece como una aproximación loable para cuestionar; el consumo se determina como una práctica simbólica.
Por último, Mario Santizo con La asunción, El exorcismo, La rendición; Plinio Villagrán con su políptico intitulado y Sergio Valenzuela con Dos vidas, Rojo y Diálogo en espera, destacan por su estilo teatral; los artistas crean ficciones a partir de la experimentación; intervienen y recrean diversos “retazos” de la realidad. En sus obras, aunque incorporan lo cotidiano como material de trabajo, integran elementos que generalmente pasan desapercibidos —una silla, un payaso, una máscara, una cama— pero que reelaborados se acercan a lo “singular de cada día”; introducen desestabilizaciones que muestran todo aquello que está relacionado con lo real pero que no emerge como tal y que se aproxima más a la ficción, estableciendo por lo tanto una percepción imprevista e incierta.
En las obras que integran la Colectiva plástica contemporánea guatemalteca, la construcción de preguntas favorece la creatividad, los artistas inventan y conciben sus piezas para doblegar el desconcierto que le suscita el entorno. Sin duda, el hecho de interrogar lo cotidiano establece una pausa; el fenómeno del extrañamiento en el arte propicia el desplazamiento, la descontextualización de la realidad.